Ya es sábado se acabo la cena, el desayuno que no me he tomado y las despedidas de ultima hora. Ahora toca descansar… toca irse a casa de la abuela Clara. ¿Qué tocara este año? Un té, unas pastas y una amiga de la abuela o quizá un libro para olvidarme de todo. Puede que por casualidad a mi padre le sobre un poco de tiempo para verme este verano o por lo menos eso me ha dicho en su última carta.
La abuela Clara me ha recibido como siempre un fuerte tirón de mejilla y un abrazo de los que te deja sin aliento. El viaje ha sido larguísimo y vine con un hambre tremenda. La comida de la abuela como siempre ha estado riquísima pero no me gusta que este Josue con nosotras, al parecer es el “ligue” de la abuela, por eso, en cuanto he podido me he metido en la habitación en seguida, es mi refugio ante el resto del mundo. Desde la ventana de mi habitación puedo observar una casa nueva, todavía no han acabado de construir el garaje, pero creo que vive gente. ¿Quién será? ¿Vendría gente nueva al pueblo? Bueno si es así me da igual seguramente será un matrimonio de ancianos. En este pueblo solo hay ancianos. Le diré a la abuela que me voy a leer al campo que hay por encima de la casa nueva, así de paso investigo un poco.
-Abuela me voy a leer un rato a fuera.
-No vengas mas tarde de las ocho que va a venir Josue para echar una partida a las cartas.
-Vale abuela no te preocupes.
No recordaba este camino tan estrecho, debe de ser que las hierbas han crecido. El campo esta más verde y frondoso, da la sensación de que alguien ha estado plantando algún tipo de flores por esta zona. Esperare, como siempre, el atardecer bajo la sombra del manzano que esta en la parte más lejana al camino mientras leo el libro que me he traído. Esperé pues unas horas en las que he leído, reído e incluso asombrado por la belleza del campo y por la sensación de ser libre de nuevo. Me he acostado sobre la hierba fresca para ver las nubes con ese tono especial que le da el sol en los últimos momentos del día. Estaba tan relajada que no me daba cuenta de la hora, hasta que alguien me pregunto:
-¿Perdona eres Sara?
Me quede en blanco y de repente.
-¿Estas bien?
Me levanto, me arreglo un poco y entonces cuando el me estaba viendo, le dije:
-Lo siento, creo que no te conozco.
Y mientras lo decía aprovechaba para echarle un vistazo.
-Claro, lo siento no me he presentado me llamo Robert, soy el nieto de Josue.
-Ams… Y dime ¿Qué querías?
-Me ha mando la señora Clara a buscarte, dijo que tenias que haber regresado a las ocho y que estaba muy preocupada por ti.
-¡Es verdad! No se donde tengo la cabeza últimamente.
-No pasa nada, la señora Clara es muy buena y hace un pastel de carne buenísimo.
Nos reímos, menuda tontería, ¿a que vendría eso?
-Si, ya lo se. Me encantan los pasteles que hace mi abuela.
-Bueno creo que ahora que te he encontrado es hora de irse, porque si nos retrasamos un poco más, son capaces de llamar a “Desaparecidos”.
-Tienes razón.
De camino a casa solo pensaba: ¿donde se había metido todo este tiempo? ¿Qué hacia aquí? ¿Lo volveré a ver? Lo mas curioso era que no sabia el porque sabia que mi abuela Clara hacia esos ricos pasteles de carne y lo mas curioso ¿Por qué mi abuela lo había mandado a buscarme?
-Ya llegamos.
Lo dijo mientras abría la puerta como si estuviera en su casa y yo fuera la invitada. Entro yo primera, es todo un caballero, había un aroma que yo desconocía, olía genial pero yo sabia que eso no me iba a librar de la reprimenda que me iba a dar en breve la abuela, de los nervios no me diera prácticamente cuenta de que Robert me había cogido la sudadera de la mano y la había colgado, en ese momento sale la abuela de la cocina, se esta secando las manos al delantal y entonces me dijo:
-Sube a tu cuarto y cámbiate, baja en cuanto estés lista. Por cierto ya me explicaras luego porque has llegado tan tarde. Vístete la ropa que te he comprado.
Subo tan rápido como puedo, no tengo tiempo que perder, abro la puerta y ahí están las bolsas, encima de la cama. Las abro pese a todo espero que mi abuela tenga buen gusto o que se halla dejado aconsejar por las dependientas. Primero abro los zapatos, son rojos de tacón, por lo menos son bonitos. Abro el paquete grande, es un vestido palabra de honor en color rojo y con los bordes en negro caía hasta la cintura recto y cae hasta las rodillas en forma de campana, pensé que podía ser peor. Me lo visto enseguida, el vestido ya esta planchado, me pongo los zapatos. Empiezo a recoger los envoltorios de los regalos y me doy cuenta de que me falta un pequeño regalo. ¿Qué será? Lo abro y me llevo una gran sorpresa al abrirlo, una hermosa diadema roja a juego con un bolso de mano, el vestido y los zapatos. Me pongo la diadema el pelo me cae sobre los hombros me siento rara puesto que siempre me ago una coleta. Me miro y sin pensarlo dos veces bajo al comedor. Ya están todos allí, pero yo solo me preocupo de que mi aspecto no sea espantoso. Me siento a la mesa. La mesa es larga pero sin embargo es bastante estrecha, yo estoy sentada en un lateral y Robert enfrente de mí, la abuela y Josue están sentados en los extremos de la mesa. Los platos ya estaban servidos, la mesa estaba puesta con la mejor bajilla. Me extrañe durante un segundo, pero, después, solo me podía fijar en el, tan cerca, con esa sonrisa tan bonita. Me eché hacia atrás el pelo y luego no miramos fijamente, como si solo estuviéramos los dos solos.
Cuando terminamos de cenar Josue, el abuelo de Robert, dijo que su nieto si no hubiera sido porque la madre se había ido de viaje a Chile, no se habría dignado a aparecer por allí en todo el verano. Siendo sincera yo no vendría si me dejaran escoger, pero en mi caso tiene una explicación porque yo vengo todos los años al mismo lugar, en el que la discoteca es un viejo bar en el que suenan canciones ya pasadas de moda y en el que el cine es lo mejor que te puedes encontrar, aunque solo pongan clásicos no importan porque estas en contacto con la naturaleza. Nos dieron las dos de la mañana hablando y contando anécdotas. Era ya tan tarde que la abuela les invito a quedarse a dormir. Josue ya debía de estar bastante acostumbrado, porque no se lo pensó ni un minuto. El problema es que como mi abuela utilizaba el cuarto de abajo como trastero, le tuvieron que poner un colchón en mi habitación para que durmiera. Lo peor no fue cuando me lo dijo mi abuela, sino cuando llego la hora de meterse en cama. En cuanto salí del baño con el camisón y abrí la puerta de la habitación y lo encontré en calzoncillos. Solo se le ocurrió decir:
-Espero que no te moleste, es que no tengo pijama.
-No tranquilo no me molesta, pero que haces ahí.
-Lo siento, no me he dado cuenta de que no estoy en mi casa, me encanta ver las estrellas antes de ir a dormir.
-No, tranquilo, a mi no me molesta, es mas a mi me encanta estar en la ventana al fresco y sentir por un momento que puedo tocar las estrellas.
Sin darme cuenta prácticamente estaba a su lado apoyada en la ventana viéndolo y entonces se hizo el silencio. En mi mente solo pasaba la idea de que apenas nos conocíamos, pero mí corazón decía, hazlo. No me podía resistir, así que me erguí y toque suavemente su torso medio desnudo, el me agarro por la cintura y seguidamente yo le rodee el cuello con los brazos y nos comenzamos a besar, parecía que no había nadie en el mundo aparte de nosotros. El bajo un poco mas las manos y luego empezó a subirlas llevando consigo mi camisón y dejando entre ver mi tanguita negro. El tenía ganas de seguir y yo tenía ganas de que siguiera. Me saco el camisón y me pregunto si quería hacerlo. Yo conteste rápidamente que si con un gesto de cabeza. El me saco el tanga con la boca. Estábamos sobre el colchón que le habían puesto, besándonos. Yo me senté y el se puso de rodillas, le saque el calzoncillo mientras el me intentaba desabrochar el sujetador. Acostados, cuerpo con cuerpo, ambos unidos cerca de ser un único ser. Me mira y se para como preguntando. Entonces me dijo si estaba segura no podía hablar debido a la tensión del momento, entonces volví a asentir. El me empezó a besar llego a cerca del ombligo cuando se paro. Lo mire, se estaba levantando y yo junto a el. Me dio miedo el simple hecho de que se echara atrás. Y a la fuerza le tuve que preguntar.
-¿Estas bien?
-Un momento no te preocupes.
Mientras me decía esto me abrazaba dulcemente al tiempo que seguía preocupado por algo.
-Si no estás seguro lo entiendo.
-No es eso, no se como decírtelo.
-No sabes decirme ¿lo que?
-Pues, que no tengo preservativo.
-Tranquilo, yo si.
Me dirijo hacia mi maleta y cojo uno de una caja.
-He venido directamente del internado y allí nunca se sabe lo que te puede suceder.
Me sonríe y me besa. Se lo pongo con mucha suavidad. Entonces me acaricia, me besa, le toco, me toca. Me toca a mi, es mi turno, me pongo encima de el, nos miramos, pero es nuestro turno, el turno de los dos, dibuja mi silueta con sus dedos y entonces me levanta en brazos y me une a el.
Se hace muy largo quiza deberias de hacer unas historias mas cortas. Pero este capitulo esta genial felicidades ^.^
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